sábado, 19 de abril de 2014

Reflexionemos sobre la autoestima femenina

Ha sido una época complicada para escribir, pero hoy, al ver un vídeo de youtube me ha llamado la atención el anuncio típico que sale antes del vídeo en sí, y contrariamente a lo que suelo hacer, no le he dado a "Saltar vídeo", sino que lo he visto entero. Me ha parecido muy interesante. Tanto, que he ido a la fuente: Dove, y he encontrado algunos otros que creo que merece la pena compartir.

Considero que en la actualidad va habiendo cada vez más proyectos de concienciación de la falsa "perfección" que vemos en revistas, cine, publicidad...Sin embargo, sigue habiendo artículos sobre la "operación bikini" en cuanto llega Marzo, los anuncios de suplementos dietéticos para adelgazar aumentan cada día, la anorexia sigue siendo un problema que afecta a muchas niñas y mujeres, y en muchos casos seguimos valorándonos en función del físico que nos gustaría tener.

No me entendáis mal. Apoyo totalmente la vida sana, el ejercicio físico moderado y adecuado a cada persona, y comprendo que hay personas que necesitan seguir una dieta por problemas de salud, o que necesita adelgazar por la misma razón. Me parece estupendo llevar un estilo de vida que incluya dieta sana y ejercicio y el querer mantenerse en un rango de peso, es la razón la que me preocupa: es por salud? es porque valoramos nuestro cuerpo y queremos cuidarlo? o es porque mantener una figura es algo sumamente importante? Y en caso de que sea esta última: importante...para quién? Por qué quiero tener una determinada figura o medidas? Por mí? (para sentirme bien conmigo misma porque mi autoestima se basa en lo que refleja el espejo) o por los demás?

Nuestra idea de nosotras mismas es una parte muy importante de nuestro desarrollo y bienestar psicológico y físico, y es cierto que la autoestima se construye en la infancia a través de lo que los demás nos dicen (los niños pequeños aún no tienen muy claro su idea de yo ni están del todo formados como persona): los éxitos que tenemos como estudiantes o en actividades deportivas, música, idiomas..la cantidad de amigos que tenemos o de gente que quiera jugar con nosotros o venir a nuestro cumpleaños, lo que nos digan nuestros padres que hacemos bien o que les gusta de nosotros...(Por eso es importante valorarlos no sólo por lo que hacen, ni por su físico, sino decirles cosas buenas sobre cómo son).

Todo esa información que recibimos nos ayuda a vernos de una determinada forma, a crear una idea sobre nosotros, pero aún queda añadir la información propia. Puede que los demás piensen que soy un genio en los idiomas, pero si eso no es importante para mí no aportará demasiado a crear una autoestima positiva (sí, soy genial en los idiomas, pero tengo un pelo horrible y siempre meto la pata cuando hablo con los chicos), o que no creamos lo que nos dicen (lo dice por ser amable, porque es mi madre/amiga, por pena...). 
Y sin embargo, puede que haya cosas que formen parte de nuestra autoestima aunque nadie se haya dado cuenta de ellas o nunca nos lo hayan dicho, cosas que sólo nosotros sabemos o que sólo nosotros vemos. 


Como se ve en estos vídeos, el problema no sólo es con el volumen corporal, son pequeñas cosas, como las orejas, los pies, el pelo, el tipo de piel...cualquier cosa nos sirve para convencernos de que somos defectuosas y ese "defecto" es lo único que vemos, se convierte en lo que nos define.


Creo que es momento de reflexionar. Es el momento de pensar si nos gustamos y por qué no nos gustamos. Momento de ser críticas y pensar si esas razones o cosas que no me gustan de mí son objetivas y reales, si nos definen o somos más que eso. Y sobre todo de buscar las cosas buenas de nosotras y decírnoslas y creérnoslas.
Y ya que te pones...dile a tu familia, a tus amigos, a tu pareja, a tus compañeros de trabajo lo que te gusta de ellos, aporta tu granito a su autoestima, a su idea de sí mismos.




lunes, 17 de febrero de 2014

Estar triste no es malo, enfadarse no es malo

Actualmente se habla mucho de la inteligencia emocional, y de la educación en inteligencia emocional. Puede que haya quien lo considere una moda o una nueva teoría psicológica, pero lo cierto es que muchos niños y adolescentes presentan problemas porque no reconocen lo que sienten, porque no lo aceptan o porque no saben expresarlo adecuadamente.

Cuando los niños son pequeños no saben ponerle nombre a lo que sienten, ni qué hacer con ello. Es nuestro trabajo como padres el el enseñarles a conocer las diferentes emociones que existen y saber qué hacer con ellas. Pero nosotros tampoco hemos sido educados emocionalmente, y solemos cometer un error generalizado y muy común: hemos adjudicado el adjetivo de "malas" a determinadas emociones, cuando en realidad las emociones no son buenas ni malas. Simplemente hay algunas que no nos gustan, porque no son placenteras. 

A nadie le gusta sentirse triste, por eso parece que estar triste es algo negativo, algo malo que debemos evitar o quitarnos de encima lo antes posible. "No llores", "anímate", "llorando no solucionas nada"...Hay muchos mensajes que nos llevan a creer que esta emoción está mal, que no debemos sentirnos tristes.

Igual nos pasa con el enfado. Porque además, en muchas ocasiones pretendemos que los niños no se enfaden por las cosas. Puede que nos parezcan cosas sin importancia, pero para ellos son importantes (por eso se enfadan), y tienen derecho a hacerlo.

Ante determinadas situaciones, es normal experimentar tristeza o enfado. Es la emoción correspondiente a lo que ha ocurrido y debemos permitirnos sentirlas y permitir que los niños las sientan y las expresen. Ojo, no se trata de fomentar la emoción o regodearnos en ella, pero tampoco reprimirla o evitarla.


Muchas veces el problema no está en que el niño esté triste, sino en la emoción que eso me provoca a mí como adulto: incomodidad e impotencia. Porque no nos gusta verlos tristes o que lo pasen mal y queremos solucionarlo lo más rápido posible.

Hay que asumir que no siempre se puede, que hay penas que no se van en cinco minutos (no es lo mismo la pena por despedirse de mamá cuando se va a trabajar que la de perder un juguete apreciado o que la pena de que no te inviten a un cumpleaños o pelearse con el mejor amigo, o perder una mascota, un familiar...). 


En cuanto al enfado, quizá la razón de querer extinguirlo es que tendemos a asociar enfado con rabieta. Y no es lo mismo. El enfado es la emoción, lo que sienten; y la rabieta es la conducta, su forma de expresar el enfado. [Aquí hay que hacer un paréntesis para indicar que en los niños, pena y enfado van de la mano, y muchas veces las rabietas salen de una profunda pena].

Así que el problema no está en que sientan enfado o pena, sino que en la mayoría de los casos no saben qué hacer con una emoción tan fuerte. Ahí es donde debemos ayudar: modificar la conducta si no es adecuada (cuando pegan, rompen cosas, gritan...) y enseñar posibles alternativas. Es mejor dar más de una posibilidad para que ellos puedan escoger la que mejor les parezca  y les sirva.


Por último, recordar que nosotros somos los mejores maestros: aceptemos y expresemos adecuadamente las emociones, y ellos aprenderán de nosotros.





Higinia Fernández Peña
www.psicologiacreciendo.com