viernes, 24 de enero de 2014

Cuando pegan en el cole

Como padres, que nos avisen de que nuestro hijo o hija ha agredido a otro niño es una señal clara de alarma. ¿Tengo un hijo agresivo?, ¿Por qué ha pegado?, Eso no lo ha visto en casa…son algunos de los pensamientos que se nos pueden venir a la cabeza.

Lo que normalmente no tenemos en cuenta ni recordamos es que, aunque todos estamos programados para experimentar emociones desde que nacemos, reconocer esas emociones y saber manejarlas requiere aprendizaje. Los niños pequeños sienten, pero no saben qué es eso que sienten, ni qué hacer con ello, ni cómo transmitirlo.
Un niño que se siente feliz sonríe, un niño triste llora, un niño enfadado…pega o se enrabieta. Los niños aprenden el significado de lo que sienten viendo a sus padres; muy pronto les enseñamos que a las personas que se quiere se les dan besos (Dale un besito a la mamá/abuela/amiga…), pero tendemos a no explicar o dejar de lado las emociones “negativas”, quizá precisamente porque las consideramos negativas.

Una emoción no es positiva o negativa. Estar triste o enfadado no es malo, simplemente no nos gusta sentirnos así y por eso lo rechazamos, pero son emociones que nos ayudan a desarrollarnos como personas y que no podemos eliminar. Cuando perdemos algo o a alguien querido nos sentimos tristes, y debemos sentirnos así, es la respuesta natural y no se debe negar, rechazar u ocultar.
Y si se comete una injusticia con nosotros nos enfadamos, y es lógico y normal hacerlo.
Si no reaccionásemos así estaríamos perdiendo nuestra capacidad de sentirnos afectados por las cosas, lo que lleva a una impasibilidad, a un “todo me da igual”.

El problema no es el sentimiento, sino lo que hacemos con él, y esa diferencia es lo que debemos transmitir a nuestros hijos. Cuando un adulto tiene un conflicto con otro, suele  disponer de varias armas:
-         Saber lo que le ocurre (esta energía que me sale de dentro es enfado)
-         Saber por qué le ocurre
-         Vocabulario y capacidad para dialogar y expresar sentimientos
-         Capacidad para buscar soluciones

Sin embargo, un niño pequeño no posee ninguna de estas habilidades, empezando porque no entiende el sentimiento. Sólo sabe que, ante una situación, le embarga una necesidad de actuar, de soltar toda la energía que se le ha acumulado de pronto y que le lleva a agredir. Si los adultos tendemos a insultar, decir palabrotas, gritar o llorar cuando estamos muy enfadados, ¿cómo juzgar a un niño que suelta su enfado pegando?

Ojo, esto no significa que debamos pasarlo por alto o reforzar este tipo de comportamientos. Al contrario, debemos dejarle bien claro a nuestros hijos que esa no es la conducta apropiada cuando uno se enfada, regañando o incluso castigando cuando la situación sea grave o muy repetitiva. Y siempre, acompañando el NO con un ejemplo de lo que SÍ. Si le decimos a un niño que no debe pegar cuando se enfade, no le estamos dando solución, sólo limitando sus posibilidades. Los niños pequeños necesitan que les demos pautas de actuación para entender bien lo que deben hacer: No se pega, si te quitan un juguete, se lo dices a la profe, pero no pegas, ¿está claro?

Estas explicaciones están pensadas para que veamos esta conducta como lo que es, y entender que no debemos asustarnos ante ella, puede que haya niños que no pasen por esta etapa, pero si lo hacen, sólo es un momento más de su desarrollo emocional como personitas.




Higinia Fernández Peña
www.psicologiacreciendo.com



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