lunes, 24 de noviembre de 2014

Hijos "divorciados"

Un divorcio siempre va a afectar a los hijos. No podemos evitar el impacto que les va a producir, pero sí podemos atenuarlo.

Cuando dos personas decidan separarse, lo que rompen es su relación como esposos, como pareja, pero un divorcio no destruye su relación como padres de los hijos en común. Eso significa que el objetivo de ambos sigue siendo el bienestar de esos hijos, por lo que debemos dejar a un lado los problemas que tengamos a nivel personal cuando de ellos se trata.



Las reacciones, impacto y consecuencias de un divorcio depende de muchos factores: edad, características personales del niño, explicaciones recibidas, continuidad de la relación con ambos progenitores, acuerdos o desacuerdos entre los padres, grado de hostilidad entre los mismos...Pero en general podemos guiarnos por una serie de pautas que se pueden adaptar a cada situación.



No sólo se trata de explicarle los cambios, sino también de decirle qué cosas no van a cambiar. Es importante intentar que mantengan, en lo posibles, su entorno y rutina habituales (seguir viviendo en la misma casa, ir al mismo cole...), ya que les hace más fácil adaptarse a un cambio tan grande como es que uno de sus padres ya no conviva con ellos. 

Para que esa separación se haga más llevadera, además de recordarle lo mucho que se le quiere a pesar de estar separados, ayuda que el niño hable todos los días con el progenitor que se haya ido, o lo que es mejor, que pueda pasar un rato con él (que lo recoja del cole o lo lleve al parque, le ayude a hacer deberes...). En general, que las rutinas que tenía con esa figura no desaparezcan

Una de nuestras posibles respuestas ante estos cambios, un menor tiempo pasado con el niño o verlos afectados, tristes o enfadados puede ser la de sobrecompensar, dedicándole una atención excesiva (ayudar demasiado con los deberes, por ejemplo), regalando cosas por miedo a que nos olviden o nos quieran menos, dejando que ellos decidan y "manden"...No se nos puede olvidar que, aunque es un proceso difícil y podamos ser más flexibles o comprensivos con algunos aspectos, seguimos siendo los padres y debemos mantener unos límites y una rutina.

En todo momento es importante actuar de forma consensuada, ser padres implica tener unas mismas pautas educativas, para que exista una estabilidad entre las dos casas que va a tener el niño a partir de ahora, por lo que habremos de intentar negociar y acordar las cosas con el otro progenitor antes de nada. Esto significa mantener una comunicación fluida por el bien del niño en los temas que tienen que ver con los hijos, ya que debemos evitar usarlos de mensajeros o intermediarios. Intentemos que esta comunicación o conversaciones sean de forma privada, para que el niño no vea discusiones ni peleas.  





Debemos tener en cuenta es que por muy pequeño que sea un niño, va a notar que ocurre algo, por lo que siempre debemos sentarnos a hablar con él. Para esta situación, lo mejor es que estén presentes ambos padres, y que hayan hablado y acordado previamente cómo se lo van a comunicar. 
El mensaje tiene que estar adaptado a la edad del niño y no hace falta dar demasiadas explicaciones sobre los motivos, sino simplemente explicarles que los padres a veces dejan de estar de acuerdo en cosas importantes, que la convivencia se hace problemática y que creen que lo mejor para todos es separarse, pero que  es un problema de los mayores, que ellos no son culpables de nada ni pueden hacer nada para cambiarlo, y que en ningún caso eso va a cambiar la relación que tenemos con ellos, ni vamos a dejar de quererlos. Los padres nunca dejan de querer a sus hijos.

También debemos proporcionarle información sobre los cambios que van a suceder. en principio sólo sobre los más inmediatos, para no sobrepasar al niño, pero si es él quién pregunta sobre cambios más alejados hay que intentar responderle con la mayor sinceridad posible. 
Tampoco tengamos miedo si hay cosas que aún no están habladas o pactadas, simplemente se les puede decir que estamos hablándolo para encontrar una buena solución, no pasa nada por admitir que hay cosas que no sabemos, lo importante es que sepan que nos vamos a encargar de ello.

Tanto en esta primera conversación como a lo largo de todo el proceso, hay que darles confianza para que pregunten todas las dudas que tengan, que puedan expresar sus sentimientos con libertad y que sepan que pueden hablar del tema con nosotros si lo necesitan y que seremos sinceros con ellos, aunque en ningún caso hablaremos mal del otro progenitor. Tampoco podemos esperar ni apoyar que sientan odio o enfado hacia uno de los padres.


Espero que os ayude. Y ya sabéis, si tenéis alguna duda o comentario, no dudéis en escribir en el espacio de comentarios o al correo! psicologiacreciendo@gmail.com


Higinia Fernández Peña
 www.psicologiacreciendo.com

martes, 23 de septiembre de 2014

Hiperactividad, ¿de verdad sabemos lo que es?

Existen muchos libros, artículos, muchas entradas de blog y webs que hablan sobre el TDA-H, muchos de ellos muy completos, unos adaptados a padres y su vida diaria, otros más técnicos, algunos explicativos y prácticos, otros no tanto...

La cuestión es que parece que este trastorno está muy cubierto, que toda la información está ahí fuera y que ya todo el mundo es capaz de identificar y reconocer los síntomas para saber si su hijo es "hiperactivo".
Y sin embargo, me encuentro con personas, situaciones y preguntas que me hacen plantearme si de verdad existe un conocimiento tan profundo y extendido sobre el tema.

En primer lugar, hay que saber que este trastorno es de varios tipos: TDA, TDAH o Combinado, es decir, Trastorno de Déficit de Atención (sin Hiperactividad o predominantemente inatento), Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad o predominantemente impulsivo o con síntomas de ambos tipos. 
Esto quiere decir que puede que nuestro hijo no sea especialmente movido, que no incordie más que cualquier niño de su edad (o quizá incluso menos de lo normal), pero que tenga problemas de atención. 

Otra cosa importante a tener en cuenta es que un niño no es hiperactivo si no hay déficit de atención. Quiero decir...el trastorno se llama DE DÉFICIT DE ATENCIÓN, la hiperactividad es algo que puede llevar asociado o no, pero no es lo principal. ¿Qué quiero transmitir con esto? Pues que un niño que se mueve mucho no es inmediatamente hiperactivo y hay que quitarle el problema, puede que simplemente sea un niño ACTIVO
¿Quién decide dónde está el límite entre activo e hiperactivo? Generalmente los que están alrededor del niño, cuando su nivel de movimiento se convierte en molesto. Gracias a la difusión de información actual, inmediatamente lo clasificamos como hiperactivo y buscamos al médico que confirme el diagnóstico y nos recete la "solución". Sin embargo, no nos planteamos que quizá es algo propio de la edad (es imposible que un niño de 4 años se esté totalmente quieto durante horas), o que esté llamando la atención, o que sea un problema de falta de límites.

No quiero decir con esto que no nos planteemos la hiperactividad como posible opción y dejemos pasar algo que puede ser síntoma de un problema por no darle importancia, claro que no, sino que la veamos como una de las opciones, no la única, y que como tal, acudamos a un especialista que sea quien acote las posibilidades y pueda dar un diagnóstico fiable.

Y con especialista, y con mucho respeto a los médicos de cabecera, no me refiero al pediatra. A él acudiremos sí, para contarle los síntomas y nuestra sospecha, pero lo que debe hacer es remitirnos a un psicólogo o a un neurólogo. Igualmente, si vamos directos al psicólogo, éste también podrá ver si existen indicadores reales de TDA/TDAH, pero lo que debe hacer es comentarnos la necesidad de ver a un neurólogo antes de asegurar que existe este trastorno. 

¿Por qué? Porque es un trastorno neurobiológico, es decir, que no es un tema sólo de comportamiento, sino que tiene su base en un fallo en la conexiones cerebrales.
De ahí la recomendación de medicación. La pastilla no es algo mágico que controla la conducta del niño, sino que actúa sobre esas conexiones cerebrales, ayudando a compensar el desequilibrio neuronal.
PERO (y sí, es pero con mayúsculas) la pastilla no lo arregla todo. La pastilla ayuda a que el niño no tenga desajustes y a que le resulte más fácil concentrarse o pensar antes de actuar o controlarse, pero que le resulte más fácil no significa que sepa hacerlo. Además, es un trastorno que afecta a muchas áreas de la vida del niño (estudios, amigos, familia...), por lo que probablemente haya creado problemas fuera de sí mismo que no se solucionan sólo porque él esté medicado. 
La intervención en el colegio o de ayuda en el estudio, la terapia psicológica personal y con la familia...son aspectos necesarios en la mejora de su calidad de vida.


No puedo exponer todos los aspectos ni síntomas, las distintas medicaciones y tratamientos...porque mi intención no es explicar el trastorno, sino simplemente comentar datos específicos que veo poco documentados a menudo. Toda la información está ahí fuera, aunque a mí en particular me gusta la web de una fundación que me parece que aborda casi todos los temas y dudas que pueden aparecer y que lo explica de forma técnica y formada pero comprensible:


Espero que os ayude. Y ya sabéis, si tenéis alguna duda o comentario, no dudéis en escribir en el espacio de comentarios o al correo! psicologiacreciendo@gmail.com


Higinia Fernández Peña
 www.psicologiacreciendo.com