domingo, 7 de diciembre de 2014

El duelo y su proceso

Definición de duelo
Duelo es la reacción que se produce ante una pérdida significativa, generalmente la muerte de un ser querido. Esta reacción es una experiencia universal, parte natural de la existencia, un proceso normal.

Dentro de esta definición hay varios puntos destacables que deben quedar claros:

  • El duelo es una reacción normal, por lo que debe aceptarse como tal, tanto por la persona que experimenta el proceso como por los que la rodean.
  • Es un proceso, no un estado que se supera. Esto significa que elaborar el duelo requiere tiempo. 
  • Es una experiencia personal, porque cada pérdida es única y la reacción que pueda causar depende de muchos factores, por lo que no se puede esperar que todas las personas reaccionen de la misma forma ni tarden lo mismo en superarlo.
  • El duelo se produce ante una pérdida significativa que no siempre es una muerte. Existen todo tipo de pérdidas que pueden necesitar de un proceso de duelo, como por ejemplo un divorcio, un cambio de vivienda, de escuela, la pérdida de una mascota…Lo que ocurre es que no solemos considerar esas situaciones como experiencias de pérdida en el sentido en el que lo hacemos con una muerte.

 Proceso de duelo
Si tenemos en cuenta la definición de duelo, consideramos el duelo como un proceso que va cambiando. Por esta razón, diversos autores hablan de etapas, fases o tareas. 
Uno de esos autores, Worden, utiliza el término “tareas” porque considera que la persona es un participante activo que ha de hacer cosas durante el duelo. Considera que las fases conllevan pasividad, algo que hay que pasar y que pasarán tanto si la persona hace algo como si no.


Las tareas de Worden no siguen un orden específico, se complementan entre ellas y se pueden realizar dos a la vez.

  • TAREA 1: Aceptar la realidad de la pérdida.
Consiste en afrontar plenamente la realidad de que la persona está muerta, y de que no volverá. Esta aceptación no sólo es intelectual, sino también emocional.


  • TAREA 2: Trabajar las emociones y el dolor por la pérdida
Para una adecuada elaboración del duelo, es necesario reconocer y trabajar las emociones que surgen debido a la pérdida. La negación de esta segunda tarea es no sentir, se bloquean las emociones y se niega el dolor. Se evitan pensamientos dolorosos.


  • TAREA 3: Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente
Esta adaptación significa cosas distintas para las diferentes personas, hay tres tipos de adaptaciones:
-          Adaptaciones externas: es la forma en la que influye la muerte en la actuación cotidiana de la persona. Depende de la relación que mantenía con el fallecido y de los roles que desempeñaba esa persona. Ejemplos de esto sería tener que hacerse cargo de la declaración de la renta si antes la hacía el fallecido u ocuparse de la casa y los hijos…Deben adquirir nuevas habilidades y estrategias.
-          Adaptaciones internas: Consiste en adaptarse al propio sentido de sí mismo, de cómo influye la pérdida en la definición de sí mismo, en su amor propio, en su sensación de eficacia personal. Debido a la muerte de un ser querido se produce un impacto en la sensación de identidad de la persona.
-          Adaptaciones espirituales: Cómo influye el fallecimiento en las creencias, los valores y los supuestos sobre el mundo que tiene la persona. Hay varios supuestos que se suelen cuestionar tras la muerte de alguien (Janoff- Bulman), como que el mundo sea un lugar benévolo, que el mundo tenga sentido o que la persona en sí misma sea importante.


  • TAREA 4: Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo
Debemos encontrar un lugar para el difunto que le permita a la persona estar vinculada a él, pero de un modo que no le impida seguir viviendo.


Espero que os ayude. Y ya sabéis, si tenéis alguna duda o comentario, no dudéis en escribir en el espacio de comentarios o al correo! psicologiacreciendo@gmail.com


Higinia Fernández Peña
 www.psicologiacreciendo.com

La muerte y los niños

El otro día escuché en una película una frase que me llamó la atención: 
              "La muerte no es lo opuesto a la vida. El nacimiento es lo opuesto a la muerte"

Y me di cuenta de que en nuestra sociedad hablamos de "vida y muerte", clasificándolos precisamente como posibilidades opuestas, cuando en realidad la muerte es parte de la vida, es el último paso de ella. La muerte forma parte del ciclo evolutivo natural, es algo inevitable, por lo que todos antes o después sufrimos alguna pérdida.

Sin embargo, sigue resultando un tema del que muy poca gente quiere hablar, un tema tabú de la sociedad, y más aún si con quienes debemos hablar de ella son niños. Y cuando la muerte llega, no estamos preparados para ella como consecuencia de nuestro aprendizaje. O más bien, de nuestro no aprendizaje, porque nadie nos ha preparado para lo que significa la muerte: la elaboración de un duelo.

Esta falta de comunicación se debe a que pretendemos proteger a los niños del sufrimiento que significa una muerte y un proceso de duelo, pero no nos damos cuenta que apartándolos no los protegemos, sino que los abandonamos, los obligamos a aprender solos y eso no garantiza un aprendizaje correcto, porque está basado en la ignorancia. O peor aún, en conocimientos erróneos o inexactos que hayan adquirido a través de la televisión, otros niños...

Con este post quiero intentar cambiar la visión de que el dolor es algo de lo que debemos huir y la idea de que los niños no están preparados para enfrentar este tema en concreto.
Infravaloramos a los niños en muchos momentos, en cuanto a sus posibilidades de comprensión y resulta arrogante por nuestra parte suponer que los niños no pueden asumir los traumas que nosotros asumimos. ¿Qué nos da derecho a pensar así?

No queremos exponer a los niños a un tema tan duro, cuando en realidad viven rodeados de él, lo absorben en las películas, en las series de dibujos animados, en los videojuegos, o incluso en los juegos grupales (apuntando con armas y “matándose” entre ellos).
Además, hay estudios que reflejan que un alto porcentaje de niños (80%) piensan en la muerte. Se debaten con miedos acerca de ella aunque no se lo dicen a sus padres, de la misma forma que han aprendido que hay que tratar el tema, como un tabú del que no se debe hablar.

Apartándolos de la muerte antes de que sufran una pérdida, como ya he dicho, los deja sin recursos para enfrentarse a ella cuando llegue. Apartarlos de la muerte una vez que aparece, para que no les resulte traumático el proceso (funeral, entierro, muestras de dolor en los adultos) les impide elaborar un buen duelo.
Los niños también han perdido a esa persona, también la querían, y también tienen derecho a estar tristes y sentir dolor. A tener la oportunidad de despedirse.

Otro de los puntos importantes que quiero comunicar es que, a pesar de que el dolor no es un sentimiento agradable, y no deseamos ver sufrir a los niños, el dolor es necesario para elaborar el duelo.
Y ese dolor no está referido exclusivamente al que se siente ante la muerte de una persona, puesto que, aunque asociamos duelo con muerte, el duelo hace referencia a cualquier tipo de pérdida, desde un divorcio, una mudanza, un cambio de colegio o la pérdida de un juguete favorito.


Debemos perder el miedo a hablar de la muerte. Nuestra tarea como adultos o padres es dotar a los niños de recursos y habilidades para poder manejarse saludablemente, acompañarlos durante su desarrollo como figuras de seguridad y apoyo.

                   En resumen, nuestra tarea es educar a los niños. Hagámoslo sin miedo.


Espero que os ayude. Y ya sabéis, si tenéis alguna duda o comentario, no dudéis en escribir en el espacio de comentarios o al correo! psicologiacreciendo@gmail.com


Higinia Fernández Peña
www.psicologiacreciendo.com