miércoles, 14 de mayo de 2014

Reforzar y castigar. Parte 1

Creo que el primer paso para hablar de reforzar y castigar es explicar a qué nos referimos con ello. Castigo es una palabra muy común que seguramente todos entendamos, pero refuerzo puede que no. 
Tanto un refuerzo como un castigo son consecuencias de una acción o comportamiento, la diferencia es que el refuerzo es una consecuencia positiva, algo deseado, necesitado o que queremos; mientras que el castigo es una consecuencia negativa. 

Hasta ahí todo parece sencillo, pero la verdad es que muchas veces se escucha la frase: "es que le dan igual los castigos" o "le regaño y sigue haciéndolo", y muchos padres cuando se habla de reforzar a sus hijos dicen que no creen que haya que premiarles por hacer lo que deben o que comprarles algo cada vez que se portan bien les puede llevar a la ruina.


Revisemos estas ideas:

Las conductas se asientan gracias al refuerzo.
Los niños viven en el presente, no tiene consolidado el concepto de tiempo, y por ello no actúan por las mismas razones que los adultos. Que comer fruta sea bueno para la salud o que no lavarse los dientes pueda crearles una caries no les importa, porque no son cosas que vayan a pasar de inmediato, no son consecuencias visibles. Un niño repite una conducta por la consecuencias (positivas o negativas) que aparecen justo después.

Pensémoslo así: cuando un bebé señala el agua o dice agua, consigue lo que quería: agua. De esta forma, la siguiente vez que tenga sed volverá a señalar o a decir la palabra agua. O, cuando son más mayores, un niño al que se le felicita por poner la mesa es más probable que vuelva a ponerla al día siguiente.
                               Acción--> consecuencia positiva deseada = repetir esa acción.

Lo que conocemos por la TV o libros como refuerzo mediante puntos o premios, o economía de fichas, es una técnica psicológica que se usa para instaurar conductas que el niño no ha adquirido previamente o que le resulta complicado realizar. Necesita una serie de condiciones, y debe realizarla un profesional, porque si no se puede convertir simplemente en hacer las cosas para conseguir un premio y los niños no llegan a comportarse por iniciativa propia, sino que empiezan a esperar recompensas por todo.

Por eso, cuando los psicólogos hablamos de reforzar, no nos referimos en principio a dar cosas físicas o comprar juguetes, aunque puede que en ocasiones recomendemos hacerlo como parte de la terapia individual y personal porque lo veamos conveniente como inicio.

Lo potente que sea un reforzador depende de la persona, de sus gustos y deseos, pero para los niños en general, el reforzador más potente es el que llamamos reforzador social, es decir, halagos, cariño, atención...En el ejemplo que decíamos de poner la mesa, sería el decirle "¡Qué bonita te ha quedado la mesa!" si se ha preocupado de poner los cubiertos de alguna forma especial o poner un mantel bonito, o "¡Qué bien pones la mesa!", o "¡Qué alegría que hayas puesto la mesa para mamá/papá/comer juntos...!". Sentir que su acción es valorada o que ha puesto contentos a los padres es un motivador muy fuerte para un niño.


La atención de un padre es un tesoro para un hijo, sobre todo si los padres pasan mucho tiempo fuera de casa o hay varios hermanos con los que compartir esa atención. Precisamente por el poder que tiene, hay que tener mucho cuidado con cómo y cuándo la damos.

Lo que quiero decir es que muchas veces pensamos que estamos dando una respuesta negativa a un niño, ya sea regañando o llamándole la atención para que deje de hacer algo, y sin embargo no conseguimos lo que pretendíamos, lo que nos resulta incomprensible. ¿Cómo es posible que el niño repita una conducta cuando acabamos de pasarnos 10 minutos explicándole que no debe hacer eso? Pues precisamente porque le hemos dedicado 10 minutos a él exclusivamente, con lo que le hemos enseñado que la mejor forma de tener a mamá o a papá pendientes de él es portarse mal.

                            Aquí es donde entra en juego un tercer concepto: la EXTINCIÓN

De todo esto seguiremos hablando en la segunda parte.


Higinia Fernández Peña
www.psicologiacreciendo.com

sábado, 19 de abril de 2014

Reflexionemos sobre la autoestima femenina

Ha sido una época complicada para escribir, pero hoy, al ver un vídeo de youtube me ha llamado la atención el anuncio típico que sale antes del vídeo en sí, y contrariamente a lo que suelo hacer, no le he dado a "Saltar vídeo", sino que lo he visto entero. Me ha parecido muy interesante. Tanto, que he ido a la fuente: Dove, y he encontrado algunos otros que creo que merece la pena compartir.

Considero que en la actualidad va habiendo cada vez más proyectos de concienciación de la falsa "perfección" que vemos en revistas, cine, publicidad...Sin embargo, sigue habiendo artículos sobre la "operación bikini" en cuanto llega Marzo, los anuncios de suplementos dietéticos para adelgazar aumentan cada día, la anorexia sigue siendo un problema que afecta a muchas niñas y mujeres, y en muchos casos seguimos valorándonos en función del físico que nos gustaría tener.

No me entendáis mal. Apoyo totalmente la vida sana, el ejercicio físico moderado y adecuado a cada persona, y comprendo que hay personas que necesitan seguir una dieta por problemas de salud, o que necesita adelgazar por la misma razón. Me parece estupendo llevar un estilo de vida que incluya dieta sana y ejercicio y el querer mantenerse en un rango de peso, es la razón la que me preocupa: es por salud? es porque valoramos nuestro cuerpo y queremos cuidarlo? o es porque mantener una figura es algo sumamente importante? Y en caso de que sea esta última: importante...para quién? Por qué quiero tener una determinada figura o medidas? Por mí? (para sentirme bien conmigo misma porque mi autoestima se basa en lo que refleja el espejo) o por los demás?

Nuestra idea de nosotras mismas es una parte muy importante de nuestro desarrollo y bienestar psicológico y físico, y es cierto que la autoestima se construye en la infancia a través de lo que los demás nos dicen (los niños pequeños aún no tienen muy claro su idea de yo ni están del todo formados como persona): los éxitos que tenemos como estudiantes o en actividades deportivas, música, idiomas..la cantidad de amigos que tenemos o de gente que quiera jugar con nosotros o venir a nuestro cumpleaños, lo que nos digan nuestros padres que hacemos bien o que les gusta de nosotros...(Por eso es importante valorarlos no sólo por lo que hacen, ni por su físico, sino decirles cosas buenas sobre cómo son).

Todo esa información que recibimos nos ayuda a vernos de una determinada forma, a crear una idea sobre nosotros, pero aún queda añadir la información propia. Puede que los demás piensen que soy un genio en los idiomas, pero si eso no es importante para mí no aportará demasiado a crear una autoestima positiva (sí, soy genial en los idiomas, pero tengo un pelo horrible y siempre meto la pata cuando hablo con los chicos), o que no creamos lo que nos dicen (lo dice por ser amable, porque es mi madre/amiga, por pena...). 
Y sin embargo, puede que haya cosas que formen parte de nuestra autoestima aunque nadie se haya dado cuenta de ellas o nunca nos lo hayan dicho, cosas que sólo nosotros sabemos o que sólo nosotros vemos. 


Como se ve en estos vídeos, el problema no sólo es con el volumen corporal, son pequeñas cosas, como las orejas, los pies, el pelo, el tipo de piel...cualquier cosa nos sirve para convencernos de que somos defectuosas y ese "defecto" es lo único que vemos, se convierte en lo que nos define.


Creo que es momento de reflexionar. Es el momento de pensar si nos gustamos y por qué no nos gustamos. Momento de ser críticas y pensar si esas razones o cosas que no me gustan de mí son objetivas y reales, si nos definen o somos más que eso. Y sobre todo de buscar las cosas buenas de nosotras y decírnoslas y creérnoslas.
Y ya que te pones...dile a tu familia, a tus amigos, a tu pareja, a tus compañeros de trabajo lo que te gusta de ellos, aporta tu granito a su autoestima, a su idea de sí mismos.